Una de las cosas en las que más os podéis sentir perdidos cuando se escribe una novela es en el título de la misma, algo que, salvo que lo tengas bien definido al principio, es muy difícil de encontrar, y, al menos hasta la mitad o final de la misma, no os llegará la inspiración.
El título de una novela refleja parte de su propia historia si bien hoy en día se ven títulos que no tienen demasiado que ver con la historia que se cuenta en el libro y que te dejan con un poco de desagrado por ese aspecto. Aún así, el título, junto con la portada, es lo primero que va a ver el lector y donde hay que intentar poner pasión en el mismo.
En mi caso los títulos es de lo más difícil que se me da. Nunca se si acierto con ellos o no, aunque en un par de novelas que tengo escritas creo que acerté de lleno. Lo mejor en estos casos es intentar, en pocas palabras, condensar la historia.

