Casi se me va en dos ocasiones
y ahora otra vez, a vuelta de
correo, odiando vacaciones
contando minutos al atardecer
No se donde está la fuerza, a veces
me entran ganas de desaparecer
ahogarme en mi pecera sin peces
y olvidar, y beber, y volver a beber
Se que hay mil motivos , mil mentiras
se todo lo que puede que me digas
pero recaí en el vicio de llorar
Menos mal que en sueños quito espinas
a mi vida, y regateo por fin al azar
tal vez esta vez sea difícil ganar
Escrito por Rafa.
Yo queria decirte que sé que eres fuerte y que me importas y quisiera dejarte un regalito….una canción de nuestro flaco…que a mi más de una vez me hizo sacar todo lo que tenia dentro…disfrutala cantada por Panchito en un Karaoke…imaginate nuestro Karaoke en Sevilla te acuerdas? pues para tí…Un besito muy fuerte.
Muchas gárgolas tienen nombre e historia, las que la imaginación popular les da. Son viejas figuras de piedra que, a fuerza de verse durante siglos, acaban siendo casi conocidos y vecinos. Y según su aspecto, o según lo que se medio recuerda y lo que se va inventando, terminan teniendo su personalidad y su cuento.
Esa está en el exterior de la catedral de Jaén, oscura por los muchos años y por las muchas lluvias que le han caído encima. Le llaman Chimi, y dicen que era un anciano muy sabio, que se sentaba mas o menos como está la gárgola, sentada, mirando a contemplar las estrellas. Un día vio una especial, empezó a dar voces de modo que la gente más joven acudió a ver qué pasaba.
Y el anciano les dijo que había nacido un Niño milagroso, y que así se acababa el mundo de la gente antigua y pagana. Y cuentan que se subió a lo más alto del monte, y desde allí se tiró abajo y desapareció para siempre.
Gilraenion.
Es una casa humilde, sin ascensores, sólo escaleras. Arriba viven de alquiler las piezas negras del tablero, los nigerianos. No dan escándalo ni ruído. Trabajan. Al borde de la ley de propiedad intelectual, ya. El resto de los vecinos cantan villancicos, en el portal de Belén hay un tío haciendo botas y eso…Ponen figuritas, pesebres, árboles de plástico, lucecitas. Y miran a los negros del tablero desde el lado blanco. Es un barrio humilde, donde nadie debería mirar a nadie por encima del hombro, porque un sólo hombro y una sola medida los iguala, la pobreza. Las vecinas, el lado blanco del tablero, hablan entre si en voz baja. Los moros negros llevan todo el día entrando y saliendo, subiendo y bajando. Seguro que algo traman, que no son trigo limpio, que algo amenaza. Luego llega otro vecino, las ve, les pregunta. Y se sonríe y les dice…”Es la Fiesta del Cordero, para ellos. Se visitan, comen y se hacen regalos…igual que nosotros.”
Sigue siendo una casa humilde y un tablero en blanco y negro. Pero lo blanco y lo negro no nacen del color, sino del desconocimiento. De la incultura. De esa política malvada que nos hace ver al otro como al enemigo.
Gilraenion.