
Cuando comienzas a crear una historia, lo más importante de la misma y en lo que te vas a esmerar más, en el personaje principal de la historia, aquel que puede llevar la voz cantante y ser el hilo conductor de las aventuras.
Sin embargo, muchas veces pecamos un poco en dejar a ese personaje sin historia, sin fundamento. Si creamos un personaje, por ejemplo, Adam, un muchacho de 20 años diferente a los demás, moreno, alto, y reáceo a relacionarse con otras personas, estamos obviando preguntas que nos vienen a la cabeza.
Por ejemplo, ¿por qué no se relaciona? ¿Es más alto que los demás? ¿Cómo tiene los ojos? ¿Donde vive?
Por eso siempre que vayamos a construir una historia debemos hacer algo muy importante: una ficha del personaje. En este caso la ficha contendrá (haciéndola con el ejemplo que hemos puesto):
Nombre del personaje y apellidos si hacen falta: Adam Rose
Edad: 20 años
Profesión: estudiante de Psicología
Vida: Vive solo en un apartamento alejado de la ciudad. Va y viene solo a la universidad y no le gusta hablar con nadie. Es callado pero a la vez parece como si buscara algo, como si quisiera que se le acercara alguien y pudiera sentirse querido.
No se sabe nada del personaje pero, por las noches, es una persona completamente diferente. Trabaja en la discoteca de moda de la ciudad, una discoteca muy selecta que sólo deja entrar a ciertas personalidades y donde se suelen encontrar deseos cumplidos más allá de lo “normal”.
Físico: Alto (algo más que la media de su edad), pelo negro, ojos negros, cuerpo atlético (aunque no para fijarte demasiado en él).
Historia: (Aquí pondremos qué tenemos pensado para el personaje, qué hará, con quién se relaciona, capítulos bocetos (es decir, capítulos que podrían estar en la historia y de los que sería protagonista)).
Como véis, si se hace con todos los personajes es más fácil crear las uniones.