La hermosa despiadada.
LA BELLE DAME SANS MERCI (La Hermosa despiadada)
I
Ah, ¿Qué es lo que te aflige, maltrecha criatura.
Solitario y pálido vagabundo?
El junco se marchita en el lago
Y ningún pájaro canta.
II
Ah, ¿Qué es lo que te aflige, maltrecha criatura,
Tan demacrado y tan lleno de dolor?
El granero de la ardilla esta lleno
Y la cosecha ya ha sido recogida.
III
Romance de el enamorado y la muerte.
Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mÃa,
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenÃa.
Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve frÃa.
-¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas, ventanas y celosÃas.
-No soy el amor, amante: la Muerte que Dios te envÃa.
-¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un dÃa!
-Un dÃa no puede ser, una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestÃa;
ya se va para la calle, en donde su amor vivÃa.
-¡Ãbreme la puerta, blanca, ábreme la puerta, niña!
-¿Cómo te podré yo abrir si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida.
-Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida.Â
 La Muerte me está buscando, junto a ti vida serÃa.
-Vete bajo la ventana donde labraba y cosÃa,
te echaré cordón de seda para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadirÃa.
La fina seda se rompe; la muerte que allà venÃa:
-Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.
Fuente: Cancionero Anonimo del siglo XV.
Alargaba la mano y te tocaba… (Antonio Gala)
Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo mÃos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salÃa,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.
La libertad
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia , y aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los últimos
lÃmites. Reunirnos…..
Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valÃan, ni cuchillos,
ni cálidas mareas. Tú, allÃ, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,
alianzas de cera.
Todo estuvo de nuestra parte, pero
cuál era nuestra parte, el punto
de coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.
Una voz, en la calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle….Cuánto olor,
cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, los mÃos: ¿esto se llama amor?
Permanecemos. SÃ, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una niebla: ése es el lazo único;
ésa la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.
Aquà estamos nosotros: desvaÃdos
los dos, borrados, más difÃciles,
a punto de no ser….¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mÃ, ya inmóvil en ti, ya
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia….
Y alargaba la mano y te tocaba.
En la isla a veces habitada (José Saramago).
En la isla a veces habitada de lo que somos
hay noches, mañanas y madrugadas en las
que no necesitamos morir.
Entonces sabemos todo lo que fue y será.
El mundo aparece explicado definitivamente y
nos invade una gran serenidad, y se dicen las
palabras que las significan.
Levantamos un puñado de tierra y lo apretamos
entre las manos
Con dulzura.
Ahà se encierra toda la verdad soportable: el
contorno, el deseo y los lÃmites.
Podemos decir entonces que somos libres, con la
paz y la sonrisa de quien se reconoce y viajó
infatigable alrededor del mundo, porque
mordió el alma hasta los huesos.
Liberemos lentamente la tierra donde ocurren
milagros como el agua, la piedra y la raÃz,
Cada uno de nosotros es de momento vida,
Que eso nos baste.
José Saramago
Sólo la muerte.
Autor: Pablo Neruda
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 Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.
Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa frÃa,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.
Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el rÃo vertical de los muertos,
el rÃo morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.
Ditirambo.
Autor: Antonio Gala
No, no es ciego el amor, sino encendido
por una luz interna que deslumbra
los ojos que al principio claro vieron.
No es débil el amor, sino obediente
a la orden taxativa
de la piedad, que su alma reblandece.
No inquieto es el amor, sino empeñado
en la profunda dicha
que habita siempre la secreta bodega
donde el olor del vino lo embriaga.
No tornadizo es el amor:
es fijo igual que la veleta de una pieza
que se olvida del viento y siempre apunta,
hecha brújula, al Norte que lo guÃa.
No vocinglero es el amor:
silencio, o susurro a lo más, todo su idioma,
con los ojos pendientes de otros ojos
que le transmiten la única palabra.
Gesticulante no es el amor,
porque, sereno, sus manos acarician
las deseadas facciones
y en ellas se abandonan y adormecen.
Triste no es el amor, sino jocundo
en la conversación de las miradas,
alegre en el rocÃo de los labios,
jubiloso en los márgenes del cuerpo.
No es fugaz el amor, no transitorio:
reconoce el olor de su morada,
posa en ella su sed, su pan, su hoguera
e inmoviliza el tiempo mientras dura.
No es cobarde el amor, que es esforzado.
Su proeza de arder en el secreto
o la de proclamarse con orgullo
el universo todo entero mueven.
Sus testigos, el sol y las estrellas
que él ordena y conduce todavÃa.
El poema de Tobias desangelado.
“Antonio Gala es uno de mis escritores preferidos. Admiro su personalidad, su carisma y su inteligencia. Si alguien me preguntara por qué me gusta Antonio Gala, dirÃa de antemano que es por ese sentimiento que tiene al escribir, sabe definir con exactitud cualquier sentimiento a través de las palabras…Conforme leo sus palabras, estas se convierten en sentimientos en mi mente…y lo vivo….lo disfruto…lo siento…”
La cancion del pirata.
Autor: José de Espronceda
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantÃn.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confÃn.
La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:
Navega, velero mÃo
sin temor,
que ni enemigo navÃo
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquÃ; tengo por mÃo
cuanto abarca el mar bravÃo,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
Viaje a Itaca.
Autor: Konstantino KavafisÂ
Si vas a emprender el viaje hacia Itaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a CÃclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espÃritu y tu cuerpo.
A lestrigones ni a cÃclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.
Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahÃas nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancÃas,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes,
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.
La dama de Shallot.
Autor: Sir Alfred Tennyson  Â
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A ambos lados del rÃo se despliegan
anchos campos de cebada y centeno,
que decoran la tierra y se reúnen con el cielo;
y a través del campo se extiende el camino
que va hacia las torres de Camelot;
y la gente va y viene,
contemplando el lugar donde se balancean los lirios
alrededor de la isla de allà abajo,
la isla de Shallot.
Los sauces palidecen, tiemblan los álamos,
Las leves brisas se ensombrecen y tiemblan
en las olas que discurren sin cesar
por el rÃo que rodea la isla
fluyendo hacia Camelot.
Cuatro muros grises y cuatro torres grises,
dominan un lugar rebosante de flores,
y la silenciosa isla aprisiona
a la Dama de Shallot.
Por la orilla, cubiertas por los sauces,
se deslizan las pesadas barcazas
tiradas por lentos caballos; e ignorada
navega la chalupa con revoltosa vela de seda
rasurando las aguas hacia Camelot:
pero, ¿Quién la ha visto agitando su mano?
¿O asomada en el marco de la ventana?
¿Acaso es conocida en todo el reino
la Dama de Shallot?












