Hoy en Japoneitor: Documental - Artes Marciales: Aikido

Donde el corazón te lleve (Susanna Tamaro.)

Escrito el 20 Diciembre, 2007
Publicado en Grandes cuentos...

” Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular la savia. Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así al llegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos. Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aun. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve. “

El libro de los abrazos (Eduardo Galeano.)

Escrito el 20 Diciembre, 2007
Publicado en Grandes cuentos...

” Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.
(…)
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
(…)
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele. Pequeña Muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña Muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace. “

No es un Hasta siempre tan solo un hasta luego.

Escrito el 18 Diciembre, 2007

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Como Reina de los Elfos y de los Hombres, vivió con Aragorn durante ciento veinte años de gloria y de ventura; pero al fin Aragorn sintió que se acercaba a la vejez, y supo que los días de aquella larga vida estaban terminando. Entonces le dijo a Arwen: “Al fin, Dama Estrella de la Tarde, la más hermosa de este mundo y la más amada, mi mundo empieza a desvanecerse. Y bien: hemos recogido y hemos gastado, y ahora se aproxima el momento de pagar.”-Arwen sabía muy bien lo que él pensaba hacer, pues lo había presentido hacía largo tiempo; y a pesar de todo, el dolor la abrumó:

“¿Querrías, entonces, mi señor, abandonar antes de tiempo a los tuyos que viven de tu palabra?”, dijo.

-”No antes de mi tiempo”, respondió él. “Si no parto ahora, pronto tendré que hacerlo por la fuerza. Y Eldarion nuestro hijo es un hombre ya maduro.”

«Entonces, fue a la Casa de los Reyes en la Calle del Silencio, y se tendió en el largo lecho que le habían preparado. Allí le dijo adiós a Eldarion y le puso en las manos la corona alada de Gondor y el cetro de Arnor; y entonces todos se retiraron excepto Arwen, y allí se quedó junto al lecho de Aragorn. Y no obstante la gran sabiduría de su linaje, no pudo dejar de suplicarle que se quedara todavía por algún tiempo. Aún no estaba cansada de los días y ahora sentía el sabor amargo de la mortalidad que ella misma había elegido.
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La pasión turca (Antonio Gala).

Escrito el 18 Diciembre, 2007

” La gente aspira a encontrar su otra mitad en su ciudad, en su barrio, y hasta en su calle; no sé cómo no la buscan en su cama. Y no es así: cerca nos tropezamos con los humildes premios de consolación. Las medias naranjas verdaderas están lejos casi siempre y son costosas. Lo que hemos de pedir, además de encontrarlas, es que el hallazgo no se produzca demasiado tarde. ”

Mientras tuvimos Alas (Juan Cobos Wilkins).

Escrito el 18 Diciembre, 2007
Publicado en Grandes cuentos...

Mientras tuvimos alas
Juan Cobos Wilkins

(este es un libro precioso)

“En la oscuridad, el ruido de esa masa de agua impresiona, sobrecoge, parece otro, es otro. Nacido del más hondo, algo remoto y vivo. Una nube que crecía engullendo algunas más pequeñas, avanzaba desde el oeste pero, lejos aún de la Luna, no ocultaba su visión. Enfoqué los prismáticos. Quizá ahora, en este mismo instante, Neil Armstrong o Edwin Aldrin ponían las suelas de sus zapatos o clavaban la bandera de barras y estrellas en esa superficie que imaginaba como los polvos de talco con los que el barbero me espolvorea el cogote y, luego ¡tras!, me da una palmadita. Levanté el pie y, con fuerza, presioné la planta contra la arena mojada de la orilla para dejar yo también mi huella junto a este mar que era como aquel lejano cielo, un mar sereno. Debió de pasar bastante tiempo (la nube, tragadas todas las pequeñas, se había hinchado como un pez globo), cuando percibí otra presencia. ¿No estaba solo? No estaba solo. A unos metros, con su traje amarillo, la loca de las olas permanecía inmóvil frente al mar. No me asusté, no me dio miedo. La sentí cómplice, la única que, igual que yo, había ido a la playa la noche en que el hombre pisaba por primera vez la Luna. Y sin dudarlo, me acerqué. Como una oración. Quid est tibi, mare, quod fugisti? Como una letanía, Quid est tibi, mare, quod fugisti?, bisbiseaba, Quid est tibi, quod fugisti?, medio cantada, Quid est tibi, mare, quod fugisti?, la del cabello semejante a las mareas, la que sabía el secreto de la casa, la que mojó con mi sangre sus labios y los mios, la guardiana de las metamorfosis, lanzaba a la noche desde la orilla aquellas palabras. Una y otra vez, sin descanso, Quid est tibi, mare quod fugisti? Quid est tibi, mare…

Bruscamente, calló. Los dos quedamos en silencio mirando el mar, la mar. En no pensar en nada pensaba yo, pero ¿y ella?, ¿estaría, como siempre, como era su obsesión, contando olas? Y mientras dejaban su espuma a nuestros pies, me atreví y le pregunté:
- ¿Cuántas llevas?
- Una. Siempre es la misma.”

Fragmento: “El texto de Isildur”.

Escrito el 16 Diciembre, 2007

Estaba caliente cuando lo tomé, caliente como una brasa y me quemé la mano, tanto que dudo que pueda librarme de ese dolor.Sin embargo se ha enfriado mientras escribo y parece que se encogiera, aunque sin perder belleza ni forma.

Ya la inscripción que llevaba el anillo, que al principio era clara cono una llama, se ha borrado y ahora apenas puede leerse. Los caracteres son élficos, de Eregion , pues no hay letras en Mordor para un trabajo tan delicado. Pienso que se trata de una lengua del país tenebroso, pues es grosera y bárbara. Ignoro el mal que anuncia.

El anillo perdió, quizás, el calor de la mano de Sauron, que era negra pero ardía como el fuego, así Gil-galad fue destruido; quizá si el oro se calentara de nuevo, la escritura reaparecería.

Pero por mi parte no me arriesgaré a dañarlo: de todas las obrar de Sauron, la única hermosa. Me es muy preciado, aunque lo he obtenido con mucho dolor.

ISILDUR

Fuente: J.R.R Tolkien “ El señor de los anillos”.

Fragmento: “El Silmarillion”.

Escrito el 13 Diciembre, 2007

La Música de los Ainur:

“En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y
primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento, y
estuvieron con él antes que se hiciera alguna otra cosa. y les habló y les propuso
temas de música; y cantaron ante él y él se sintió complacido. Pero por mucho
tiempo cada uno de ellos cantó solo, o junto con unos pocos, mientras el resto
escuchaba; porque cada uno sólo entendía aquella parte de la mente de Ilúvatar de
la que provenía él mismo, y eran muy lentos en comprender el canto de sus
hermanos. Pero cada vez que escuchaban, alcanzaban una comprensión más
profunda, y crecían en unisonancia y armonía.

Y sucedió que Ilúvatar convocó a todos los Ainur , y les comunicó un tema
poderoso, descubriendo para ellos cosas todavía más grandes y más maravillosas
que las reveladas hasta entonces; y la gloria del principio y el esplendor del final
asombraron a los Ainur, de modo que se inclinaron ante Ilúvatar y guardaron
silencio.

Entonces les dijo Ilúvatar: —Del tema que os he comunicado, quiero ahora
que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. y como os he inflamado con la
Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema
mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place. Pero yo
me sentaré y escucharé, y será de mi agradó que por medio de vosotros una gran
belleza despierte en canción.”

J.R.R  Tolkien (1977)

 

Todo comienzo tiene un fin…

Fragmento: “El amor en los tiempos del cólera”.

Escrito el 12 Diciembre, 2007
Publicado en Grandes cuentos...

“Cuando ya no quedó nada que comer en los platos, el capitán se limpió con la esquina del mantel, y habló en una jerga procaz que acabó de una vez con el prestigio del buen decir de los capitanes del río. Pues no habló por ellos ni por nadie, sino tratando de ponerse de acuerdo con su propia rabia. Su conclusión, al cabo de una ristra de imporperios bárbaros, fue que no encontraba cómo salir del embrollo en que se había metido con la bandera del cólera.

Florentino Ariza lo escuchó sin pestañear. Luego miró por las ventanas el círculo completo del cuadrante de la rosa náutica, el horizonte nítido, el cielo de diciembre sin una sola nube, las aguas navegables hasta siempre, y dijo:

- Sigamos derecho, derecho, derecho, otra vez hasta La Dorada.

Fermina Daza se estremeció, porque reconoció la antigua voz iluminada por la gracia del Espíritu Santo y miró al capitán: él era el destino. Pero el capitán no la vio porque estaba anonadado por el tremendo poder de inspiración de Florentino Ariza.

- ¿Lo dice en serio? – le preguntó.
- Desde que nací – dijo Florentino Ariza - , no he dicho una sola cosa que no sea en serio.

El capitán miró a Fermina Daza y vio en sus pestañas los primeros destellos de una escarcha invernal. Luego miró a Florentino Ariza, su dominio invencible, su amor impávido, y lo asustó la sospecha tardía de que es la vida, más que la muerte, la que no tiene límites.

- ¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? – le preguntó.

Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.

- Toda la vida – dijo.”

Gabriel García Márquez (1985).

 

Es un final precioso…

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