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La noche boca arriba

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 Uno de los cuentos más conocidos del escritor argentino Julio Cortázar, el juego de temporalidades resuelto con gran maestría y la contraposición sutil que establece entre dos sentidos: la vista y el olfato… ¿cuál nos relaciona mejor con la realidad?  

Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida
.
 

A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba.

 El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.

 Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos.

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Un día perfecto para el pez plátano

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JD Salinger es todo un enigma como autor. Poco dado a dejarse fotografiar, sólo se conocen unas cuantas imágenes suyas. Siempre rehuyó de la fama y el reconocimiento público pero su habilidad como cuentista no se lo permitieron, peor aún: su fama se acrecentó por un triste acontecimiento: el asesino de John Lennon, aquel fatídico día, llevaba en el bolsillo de su saco una copia de “El guardián entre el centeno”, de su autoría y pieza maestra de la narrativa. El presente cuento es una joya con un tema oscuro e inquietante que subyace de la anécdota.

En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal».

Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
       No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.

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Momo (Michael Ende)

Le parecía estar encerrada en una caverna rodeada de riquezas incontables que se hacían cada vez mayores y amenazaban asfixiarla. Y no había salida. Nadie podía llegar hasta ella y ella no se podía hacer notar a nadie, tan aplastada estaba bajo una montaña de tiempo.
Incluso llegaron horas en que deseaba no haber oído nunca la música ni haber visto los colores. No obstante, si le hubiesen dado a elegir, no habría renunciado a ese recuerdo por nada del mundo. Aunque se hubiera muerto por ello. Pues eso era lo que vivía ahora: que hay riquezas que lo matan a uno si no puede compartirlas. ”

Fragmento de Momo de Michael Ende

Muerte accidental de un anarquista. (Dario Fó)

 

¿El pueblo pide una auténtica justicia? Nosotros en cambio conseguimos que se conforme con una menos injusta. Los trabajadores gritan basta ya de la vergüenza de la explotación bestial, y nosotros procuraremos sobre todo que no se avergüencen más; pero que sigan siendo explotados… quieren no morir más en las fábricas, y nosotros pondremos alguna protección complementaria, algún premio para las viudas. Quieren ver como desaparecen las clases… y nosotros haremos que ya no haya tanta diferencia, o mejor aún, ¡qué no se note tanto! Ellos quieren la revolución… y nosotros les daremos reformas, muchas reformas… los ahogaremos en reformas. O mejor aún, los ahogaremos en promesas de reformas, ¡porque tampoco se las daremos nunca!. ”

Via: El poder de la Palabra.

La Herbolera (Toti Martinez de Lezea)

-¡Katalintxe! ¡Katalintxe!

La joven alzó la cabeza al escuchar los gritos de su madre. Estaba sentada sobre la hierba mullida y verde de la loma, una corona de margaritas sobre sus cabellos cortos, los pies descalzos tintados de verdín y el cestillo lleno de flores silvestres sobre su regazo. Había corrido a su escondite secreto como de costumbre, en cuanto pudo escapar de sus tareas diarias: barrer, ordeñar a las cabras, dar de comer a las gallinas, recoger los huevos y soltar a los perros. Aquel era un lugar encantado que sólo ella conocía. Ella y la Dama que habitaba en una cueva del monte sagrado.

La silueta del Anboto se recortaba sobre el claro cielo de primavera. Como siempre que la Dama se hallaba en él, hilos de nubes entrelazados cubrían su cumbre ocultándola de la vista de los mortales, rodeándola de misterio. Desde el comienzo de los tiempos, los habitantes del valle habían dirigido cada día sus miradas hacia la cúspide, suspirando aliviados cuando comprobaban que estaba cubierta porque entonces la diosa estaba en su casa y podían contar con su protección y descorazonados por la incertidumbre de su regreso cuando aparecía limpia porque ello significaba que Mari había acudido a alguna de sus otras moradas en Zaldiaran, Aketegi, Murumendi, Akelarre, Lezea o Azalegi.

Katalintxe acudía a su lugar secreto con la esperanza de ver algún día a la Señora. De sobra conocía los relatos que narraban desapariciones de jóvenes lo suficientemente osadas o inconscientes para entrar sin permiso en la morada de Mari. No había quedado rastro de ellas y únicamente algunas veces, y mucho tiempo después, aparecía una prenda, un pañuelo o el anillo de alguna desventurada. No, ella no se adentraría en la cueva sin permiso, esperaría paciente a ser invitada si es que algún día lo era. Entraría respetuosa, esperaría a que la Dama hablara y después se retiraría despacio, caminando hacia atrás, sin darle en ningún momento la espalda. Mientras, aprovechaba cualquier momento para acudir a aquel lugar, sentarse en la hierba de cara a la peña, tejer coronas de flores y hablaba con la Dama como con una amiga íntima a la que nada se oculta.

A pesar de pertenecer a Arrazola, que está a su vez a poco de Axpe, Abadiño y la importante villa de Tabira de Durango, los moradores del caserío Goiena siempre se habían sentidos ajenos al resto del mundo. Nunca participaban en las fiestas, celebraciones y procesiones organizadas en el pequeño pueblo del valle de Atxondo, el más alto de todos, el más cercano a la peña. Pero si Arrazola estaba alto, ellos lo estaban aún más y vivían mucho más cerca de la Dama que ningún otro ser de la Tierra. Tal vez por ese motivo, por sentirse tan próximos a la diosa o, simplemente, porque para llegar desde Arrazola hasta la casa era preciso subir una estrecha y empinada pendiente que exigía ciertas dosis de ánimo, pasaban meses sin que vieran a nadie conocido o desconocido. No sabían el nombre del rey, ni el del señor de Vizcaya; por no saber, a veces ni siquiera conocían al alcalde y tampoco les importaba demasiado. No recibían visitas y tampoco ellos las hacían. Durante generaciones los antepasados de Katalintxe habían sido considerados las personas más hurañas de la anteiglesia y ellos habían procurado no perder tal fama.

Via: http://www.martinezdelezea.com

Kali Decapitada (Marguerite Youcenar)

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Puede vérsela simultáneamente en el norte y en el sur, y al mismo tiempo en los lugares santos y en los mercados. Las mujeres se estremecen al verla pasar, los hombres jóvenes, dilatando las ventanas de la nariz, salen a la puerta para verla, y los niños recién nacidos ya saben su nombre. Kali, la negra, es horrible y bella. Tan delgada es su cintura que los poetas que la cantan la comparan con la palmera. Tiene los hombros redondos como el salir de la luna de otoño; unos senos turgentes como capullos a punto de abrirse; sus muslos ondean como la trompa del elefante recién nacido, y sus pies danzarines son como tiernos brotes. Su boca es cálida como la vida; sus ojos profundos, como la muerte.

Fuente: Kali Decapitada, Marguerite Youcenar.

El cantar de los cantares.

Muestra de que el erotismo no es algo de ahora, sino de mucho tiempo atras y de como las cosas pueden decirse de diferentes maneras y causar deseo. No es necesario las imagenes explicitas, si la imaginación es tu aliada. Estos fragmentos estan atribuidos a Salomon y es parte de la Biblia.  

Mi amado habló, y me dijo: 
Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. 
Porque he aquí ha pasado el invierno, 
Se ha mudado, la lluvia se fue; 
Se han mostrado las flores en la tierra, 
El tiempo de la canción ha venido, 
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. 

……..

 Yo dormía, pero mi corazón velaba. 
Es la voz de mi amado que llama: 
Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, 
Porque mi cabeza está llena de rocío, 
Mis cabellos de las gotas de la noche. 
Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? 
He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar? 
Mi amado metió su mano por la ventanilla, 
Y mi corazón se conmovió dentro de mí. 
Yo me levanté para abrir a mi amado, 
Y mis manos gotearon mirra, 
Y mis dedos mirra, que corría 
Sobre la manecilla del cerrojo. 

La Maldición de Mandos.

Lágrimas innumerables derramaréis; y los Valar cercarán Valinor contra vosotros, y os dejarán fuera, de modo que ni siquiera el eco de vuestro lamento pasará por sobre las montañas.
Sobre la Casa de Fëanor la cólera de los Valar cae desde el Occidente hasta el extremo Oriente, y sobre todos los que los sigan caerá del mismo modo.
El juramento los impulsará, pero también los traicionará, y aún llegará a arrebatarles los mismos tesoros que han jurado perseguir.
A mal fin llegará todo lo que empiecen bien; y esto acontecerá por la traición del hermano al hermano, y por el temor a la traición. Serán para siempre los Desposeídos.
Habéis vertido la sangre de vuestros parientes con injusticia y habéis manchado la tierra de Aman. Por la sangre devolveréis sangre y más allá de Aman moraréis a la sombra de la Muerte. Porque aunque Eru os destinó a no morir en Eä, y ninguna enfermedad puede alcanzaros, podéis ser asesinados, y asesinados seréis: por espada y por tormento y por dolor; y vuestro espíritu sin morada se presentará entonces ante Mandos.
Allí moraréis durante un tiempo muy largo, y añoraréis vuestro cuerpo, y encontraréis escasa piedad, aunque todos los que habéis asesinado rueguen por vosotros. Y a aquellos que resistan en la Tierra Media y no comparezcan ante Mandos, el mundo los fatigará como si los agobiara un gran peso, y serán como sombras de arrepentimiento antes que aparezca la raza más joven.
Los Valar han hablado.

Via: Wikipedia.

Diario de Ana Frank (Fragmento)

frank.jpg” Me es absolutamente imposible construir cualquier cosa sobre la base de la muerte, la desgracia y la confusión. Veo como el mundo se va convirtiendo poco a poco en un desierto, oigo cada vez más fuerte el trueno que se avecina y que nos matará, comparto el dolor de millones de personas, y sin embargo, cuando me pongo a mirar el cielo, pienso que todo cambiará para bien, que esa crueldad también se acabará, que la paz y la tranquilidad volverán a reinar en el orden mundial. “

Las ciudades invisibles (Italo Calvino)

En la vida de los emperadores hay un momento que sucede al orgullo por la amplitud inconmensurable de los territorios que hemos conquistado, a la melancolía y al alivio de saber que pronto renunciaremos a conocerlos y a comprenderlos, una sensación como de vacío que nos asalta una noche junto con el olor de los elefantes después de la lluvia y de la ceniza de sándalo que se enfría en los braseros, un vértigo que hace temblar los ríos y las montañas historiados en la leonada grupa de los planisferios, enrolla uno sobre otro los despachos que anuncian el derrumbe, de derrota en derrota, de los últimos ejércitos enemigos y resquebraja el lacre de los sellos de reyes que jamás oímos nombrar, que imploran la protección de nuestras huestes triunfantes a cambio de tributos anuales en metales preciosos, pieles curtidas y caparazones de tortuga; es el momento desesperado en que se descubre que ese imperio que nos había parecido la suma de todas las maravillas es un desmoronarse sin fin ni forma, que la gangrena de su corrupción está demasiado avanzada para que nuestro cetro pueda ponerle remedio, que el triunfo sobre los soberanos enemigos nos ha hecho herederos de su larga ruina.

Partiendo de allá y andando tres jornadas hacia levante, el hombre se encuentra en Diomira, ciudad con sesenta cúpulas de plata, estatuas de bronce de todos los dioses, calles pavimentadas de estaño, un teatro de cristal, un gallo de oro que canta todas las mañanas en lo alto de una torre. Todas estas bellezas el viajero ya las conoce por haberlas visto también en otras ciudades. Pero es propio de ésta que quien llega una noche de septiembre, cuando los días se acortan y las lámparas multicolores se encienden todas a la vez sobre las puertas de las freidurías, y desde una terraza una voz de mujer grita: ¡uh!, se pone a envidiar a los que ahora creen haber vivido ya una noche igual a ésta y haber sido aquella vez felices. “