Archive for the Category »Escritores norteamericanos «

La carta del jefe Seattle

El gran jefe indio Seattle… un digno ser humano

La carta que el gran jefe indio Seattle envió en 1854 al presidente Monroe  en respuesta a la oferta de éste de comprarle una gran extensión de tierras indias y crear una “reserva” para el pueblo indígena, es uno de los ejemplos más hermosos del género epistolar y toda una lección de dignidad humana teñido todo con un espíritu profético, un respeto reverencial a la naturaleza y una sabiduría sin límites. Ojalá la disfruten…

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida. Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo pueden ustedes comprarlo?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

 Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y así mismo ella es parte de nosotros.

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Un día perfecto para el pez plátano

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JD Salinger es todo un enigma como autor. Poco dado a dejarse fotografiar, sólo se conocen unas cuantas imágenes suyas. Siempre rehuyó de la fama y el reconocimiento público pero su habilidad como cuentista no se lo permitieron, peor aún: su fama se acrecentó por un triste acontecimiento: el asesino de John Lennon, aquel fatídico día, llevaba en el bolsillo de su saco una copia de “El guardián entre el centeno”, de su autoría y pieza maestra de la narrativa. El presente cuento es una joya con un tema oscuro e inquietante que subyace de la anécdota.

En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal».

Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
       No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.

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Annabel Lee

 Edgar Allan Poe

Este poema fue escrito por un dolido Edgar Allan Poe que, lejos de su natal Boston por motivos de trabajo, no pudo estar presente cuando murió su muy joven esposa, Virginia Clem, en medio de la pobreza, el hambre y la enfermedad.

Cada verso destila el dolor del joven esposo que ve arrebatado de sus brazos por las fuerzas del destino al amor de su vida. Pocos saben que fue el último poema completo que escribió Poe, publicado postumamente.

Se han hecho versiones musicales del mismo, la más reciente de Enrique Bunbury; quizá algunos recuerden la extraordinaria versión que grabara en los ochenta el grupo Radio Futura  ¡mi preferida! … está es su traducción:

Annabel Lee

Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar 
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee, 
y crecía aquella flor sin pensar en nada más 
que en amar y ser amada, ser amada por mí.

Éramos sólo dos niños mas ¡tan grande nuestro amor!
que los ángeles del cielo nos tuvieron envidia 
pues no eran tan felices (ni siquiera la mitad )
como todo el mundo sabe, en aquel reino junto al mar.  more…

Una vida de novela… Ambroce Bierce

Ambroce Bierce 

Ambroce Bierce fue un notable escritor satírico y periodista estadounidense, nacido en Meigs County (Ohio). Prestó sus servicios en el ejército de la Unión durante la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) y dirigió una expedición militar al oeste. Bierce se estableció en San Francisco, donde escribió breves e ingeniosos artículos políticos y una columna para el periódico News-Letter. Alrededor de 1868 se convirtió en su editor. En 1872 se trasladó a Londres. Bajo el seudónimo de Dod Grile, escribió corrosivos artículos y relatos para las revistas Fun y Figaro, que posteriormente se publicaron en la recopilación titulada Telarañas de una calavera vacía (1874). Bierce regresó a San Francisco en 1877. Allí continuó colaborando con el Argonaut, fue editor del Wasp y escribió una columna para el Sunday Examiner, propiedad de William Randolph Hearst. En su estilo sobresale un ingenio y una fascinación por el horror y la muerte y su dominio del relato hizo que se le comparara en ocasiones con los escritores estadounidenses Edgar Allan Poe y Bret Harte. Entre 1899 y 1913 trabajó para Hearst en Washington, D.C., y se dedicó a revisar sus propias obras. En 1913 viajó a México donde participó en la Revolución Mexicana y nunca más se supo de él. Sus Obras completas se publicaron en 12 volúmenes (1909-1912) e incluyen el Diccionario del diablo, titulado originalmente Diccionario del cínico (1906), la siguiente defición es parte de este texto:

OPTIMISMO- Doctrina o creencia que sostiene que todo es hermoso, incluyendo lo que es feo, que todo es bueno, especialmente lo malo, y que es correcto lo que no lo es. Es defendida con gran tenacidad por aquellos más que acostumbrados a vivir en la adversidad, y que encuentran muy aceptable exponerla con una mueca que simula una sonrisa. Al ser una fe ciega, es inmune a la luz de la refutación. Dada su naturaleza intelectual, no existe otra cura que la muerte. Es hereditaria, pero afortunadamente no contagiosa.

Fuente: El poder de la palabra

El extraño H.P Lovecraft. (Fragmento.)

“Pero en el cosmos existe el bálsamo además de la amargura, y ese bálsamo es el olvido. En el supremo horror de ese instante olvidé lo que me había espantado y el estallido del recuerdo se desvaneció en un caos de reiteradas imágenes. Como entre sueños, salí de aquel edificio fantasmal y execrado y eché a correr rauda y silenciosamente a la luz de la luna. Cuando retorné al mausoleo de mármol y descendí los peldaños, encontré que no podía mover la trampa de piedra; pero no lo lamenté, ya que había llegado a odiar el viejo castillo y sus árboles. Ahora cabalgo junto a los fantasmas, burlones y cordiales, al viento de la noche, y durante el día juego entre las catacumbas de Nefre-Ka, en el recóndito y desconocido valle de Hadoth, a orillas del Nilo. Sé que la luz no es para mí, salvo la luz de la luna sobre las tumbas de roca de Neb, como tampoco es para mí la alegría, salvo las innominadas fiestas de Nitokris bajo la Gran Pirámide; y sin embargo en mi nueva y salvaje libertad, agradezco casi la amargura de la alienación.

Pues aunque el olvido me ha dado la calma, no por eso ignoro que soy un extranjero; un extraño a este siglo y a todos los que aún son hombres. Esto es lo que supe desde que extendí mis dedos hacia esa cosa abominable surgida en aquel gran marco dorado; desde que extendí mis dedos y toqué una fría e inexorable superficie de pulido espejo.”

Fuente: El poder de la palabra