Esta mañana nos hemos enterado de una noticia que nos entristece bastante porque siempre que fallece un escritor es un día de luto debido a que nos quedamos sin historias, cuentos o poesías.
En este caso, el escritor fallecido ha sido Mario Benedetti, que falleció en Montevideo a la edad de 88 años, tras una larga enfermedad, cuyas complicaciones le han mantenido muy frágil de salud en los últimos tiempos.
De Benedetti conservaremos más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos y ensayos, así como guiones de cine. Fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005).
Su última obra publicada, el poemario Testigo de uno mismo, fue presentada en agosto del año pasado. Y ha fallecido trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es Biografía para encontrarme y que, seguramente, saldrá publicado más adelante.
La elegía o poema elegiaco es aquel destinado al recuerdo de los que ya murieron. Casi todos expresan el dolor y la desesperación de quien sobrevive , pero también los hay cargados de esperanza y otros manifiestan el aprendizaje espiritual que los poetas tienen frente a la experiencia de la muerte. Vamos hoy a postear, una de las que se consideran las elegías más bellas escritas en lengua castellana, a saber: La Elegía de Miguel Hernández a la muerte de Ramón Sijé, Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, de Jaime Sabines y las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique… Disfrutemos de la belleza más difícil, nacer del dolor
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines
(Fragmentos)
XII
Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Hablar de Jaime Sabines es hablar uno de los poetas más extraordinarios del México del siglo XX. Fue además, ensayista . Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas en 1926.
Muchos critican en la obra de Sabines la falta de rigor en la forma, pero la fuerza de sus palabras opacan cualquier forma… no hay verso clásico que contenta la oleada de fuertes emociones que confronta el poeta. Su poema “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines” está considerado una de las tres más bellas elegías que se han escrito en lengua castellana, junto con la de Miguel Hernández y las coplas de Manrique.
Uno de los cuentos más conocidos del escritor argentino Julio Cortázar, el juego de temporalidades resuelto con gran maestría y la contraposición sutil que establece entre dos sentidos: la vista y el olfato… ¿cuál nos relaciona mejor con la realidad?
Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.
A mitad del largo zaguán del hotel pensó que debía ser tarde y se apuró a salir a la calle y sacar la motocicleta del rincón donde el portero de al lado le permitía guardarla. En la joyería de la esquina vio que eran las nueve menos diez; llegaría con tiempo sobrado adonde iba.
El sol se filtraba entre los altos edificios del centro, y él -porque para sí mismo, para ir pensando, no tenía nombre- montó en la máquina saboreando el paseo. La moto ronroneaba entre sus piernas, y un viento fresco le chicoteaba los pantalones.
Dejó pasar los ministerios (el rosa, el blanco) y la serie de comercios con brillantes vitrinas de la calle Central. Ahora entraba en la parte más agradable del trayecto, el verdadero paseo: una calle larga, bordeada de árboles, con poco tráfico y amplias villas que dejaban venir los jardines hasta las aceras, apenas demarcadas por setos bajos.
Julio César Arciniegas Moscoso soprendió a todo mundo en julio: se alzó con el Premio Nacional de Poesía Porfirio Barba Jacob, uno de los más importantes de los convocados en este género en latinoamérica… y sorprendió a propios y extraños porque se trataba de un campesino cafetalero que , sin formación académica alguna y aprendiendo de manera autodidácta en la biblioteca de su pueblo, leyendo a los grandes poetas y ejercitándose en las madrugadas, antes de salir a su labor se convirtió con tezonera disciplina, sensibilidad y estudio en un poeta… y no es cualquier clase de poeta, sino en uno muy bueno: su poemario Abreviatura del árbol, reúne 38 poemas dedicados a los árboles corregidor, madre de agua y pedrofernández, especies de su región con un lenguaje complejo, sensible y lleno de sabiduría… aquí un ejemplo de su poemario
Luz de los inicios
De puntillas fue a la luz de los inicios,
donde señorea el arte de las expansiones y hallan
ángeles que enfrentan su primer vuelo.
Con una especie de sus ramas sueltas
sombrearon el juicio último,
entonces los hombres experimentaron la alegría
de la caída.
El vuelo de Dios
He tendido la mirada colina abajo y he visto el vuelo
de Dios en las razones por las que trabaja el árbol.
Dios ama el reparto súbito de las hojas, comparte el
amor de las frondas.
Sabe que el árbol que corre tras el asombro del
hombre es el árbol de la poesía.
Uno de los poemas más dolidos y hermosos respecto a la experiencia de la muerte, escrito por Gabriela Mistral.
I
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, llamada Gabriela Mistral (quizá por su admiración hacia Gabriele d’Annunzio y Frédéric Mistral) (Vicuña, 7 de abril de 1889 - Nueva York, 10 de enero de 1957), fue una destacada poetisa, diplomática y pedagoga chilena, que bajo el seudónimo de Gabriela Mistral se destacó de forma especial en la literatura.
Fue la primera latinoamericana (y la primera mujer en su especialidad) en ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1945.
La niñez de la autora está marcada por la ausencia del padre, que abandonó a su familia cuando Gabriela tenía tres años.En 1904 comienza a trabajar como profesora ayudante en la Escuela de La Compañía Baja y empieza a mandar colaboraciones al diario El Coquimbo de La Serena.
Este poema es obra del gran escritor argentino Julio Cortázar y tiene como característica más interesante el poder ser leído de arriba hacia abajo… o viceversa… desde el último renglón hacia arriba. Pertenece a su libro “Un tal Lucas“… ¡Disfrútalo!
de arriba abajo o bien de abajo arriba
este camino lleva hacia si mismo
simulacro de cima ante el abismo
árbol que se levanta o se derriba
quien en la alterna imagen lo conciba
será el poeta de este paroxismo
en un amanecer de cataclismo
náufrago que a la arena al fin arriba
vanamente eludiendo su reflejo
antagonista de la simetría
para llegar hasta el dorado gajo
visionario amarrándose a un espejo
obstinado hacedor de la poesía
de abajo arriba o bien de arriba abajo
Alfonso VI huyendo de su hermano Sancho II, después de escaparse de su prisión en el monasterio de Sahagún disfrazado de monje, vino a refugiarse con el rey moro de Toledo, Al-Mamun, el cual le acogió de corazón y le ofreció para su residencia el palacio de Galiana, a la orilla del Tajo. Entre ambos hubo un acuerdo, el moro le trataría fielmente y le proporcionaría todo lo necesario para que no le faltara de anda en su estancia en Toledo, el cristiano juro ser leal y ayudarle en lo que necesitase y claro esta no salir de los límites de la ciudad sin su licencia.
La vida de Alfonso era muy desahogada y tranquila, sus principales diversiones eran la caza, paseos por los bellos parajes de Toledo, charlar con los hombres más cultos del reino de Al-Mamun y por su puesto los torneos. Al-Mamun acudió un día al palacio de Galiana invitado por Alfonso a un ágape, con el rey musulmán acudieron también consejeros y hombres de confianza. Después de la comida la conversación entre estos discurrió hacia la ciudad de Toledo, se afirmaba su gran fortaleza e inexpugnabilidad. Estaban platicando sobre el tema cuando Al-Mamun con rostro preocupado se levanto y salió al jardín, inmediatamente detrás de él salieron sus hombres de confianza y consejeros. Como era la hora de la siesta y hacía calor se sentaron debajo de unos árboles sobre la jugosa y fresca hierba. De esta forma tras sentarse empezaron a hablar sobre los puntos débiles de Toledo, y ahí fue cuando se suscito una conversación, unos decían que Toledo jamás podía ser tomado por la fuerza mientras otros afirmaban que si quitasen el abastecimiento durante 7 años seguidos tomando los campos viñedos y arboledas, todos asintieron pero legaron a la conclusión de que necesitarían gran gasto de soldados y dinero para poder durante siete años realizarlo. Mientras esto discutían Alfonso desde lejos les oía discutir pero el tono de estos era muy bajo decidió acercarse a unos matorrales que estaban cerca y tumbarse para escuchar lo que decían y así lo hizoLa discusión fue acallada por el Gran Al-Mamun todos le escuchaban atentos cuando decía que Toledo tenía un gran punto débil, la fachada que daba al este, no tenia río, seria muy fácil entrar por ese lado mientras todos le escuchaban empezaron a caminar para desperezarse, en ese momento fue cuando vieron a Alfonso tumbado sobre la hierba dormido. Todos se sobresaltaron pero Al-Mamun para comprobar si verdaderamente estaba dormido se le ocurrió una treta.
En voz baja para no despertarle pero suficientemente alta para que lo oyera si se hacía el dormido pidió que le trajeran plomo fundido, al instante trajeron la marmita y el fuego y lo derritieron allí mismo. Alfonso tenia una mano extendida y una vez derretido pensaban acercárselo a la mano, de esta manera si estuviera despierto la quitaría y le descubrirían, poco a poco le fueron acercando el plomo ardiendo a la mano este no solo no la quito que ni siquiera se inmuto. Fue cuando el plomo ardiendo toco su mano cuando este chilló de dolor como un lobo, Al-Mamun tras lo visto respiro tranquilo y supuso que estaba dormido. Si estaba dormido eso nunca lo sabremos, lo que si sabemos es que tiempo después cuando Al-Mamun no reinaba Toledo Alfonso entro en Toledo por la puerta del este, desde entonces esa puerta recibe el nombre de la Puerta de Alfonso VI( el de la mano Horadada.