El reloj que no decía cucú, de Lucía Baquedano
Miércoles, junio 10, 2009

El príncipe de Castelburgo no sabía reír. Para no molestarle, sus súbditos dejaron de hacer fiestas, de leer libros divertidos y de contar chistes. Así, las risas desaparecieron de todo el reino. Hasta que un buen día, un reloj de cuco defectuoso cambió el destino del príncipe.
Este es, a grandes rasgos, el argumento que nos podemos encontrar en el libro: “El reloj que no decía cucú”, que Algar editorial me ha enviado para leer y que he de decir que he quedado muy satisfecha, al igual que algunos pequeñajos que tengo por al lado y que querían que lo leyera.
El libro es bastante rápido de leer porque es para los más pequeños (se trata de un libro para los primeros lectores) así que predominan los dibujos a las letras, y dibujos grandes, algo que les encanta a los niños. Además, los colores suaves hacen que no sean demasiado chillones pero sí que llamen la atención. En algunos puntos el dibujo es muy oscuro, porque trata un tema algo más triste, y en esos les da más pena de saber lo que está pasando, pero en general les encantó a todos, incluyéndome a mí.
La historia es sencilla, como ya se dice en el argumento. Un príncipe no puede reír y como lo quieren tanto van olvidándose de la risa y de reír poco a poco hasta que en el reino entero se deja de reír. Sin embargo, un buen día, uno de los relojes del relojero más famoso del reino es devuelto porque hace una cosa muy rara.
¿El qué? Bueno, lo que hace es algo que ayuda al príncipe, lo que no puedo decirte es qué hace porque chafaría la sorpresa. Lo que sí te puedo decir es que a todos los niños les da risa cuando oyen palabras de ese tipo, quizás sea por eso por lo que gusta tanto a los niños.
Personalmente me parece un libro muy bueno para iniciar en la lectura a los más pequeños porque es un libro que les gustará y puede llamarle la atención de otros libros ya que, aunque el título no nos dice lo que realmente pasa en el libro, sí les puede dar una visión de que, tras los títulos de los libros, pueden esconderse cosas maravillosas.
