
Hablar de Jaime Sabines es hablar uno de los poetas más extraordinarios del México del siglo XX. Fue además, ensayista . Nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas en 1926.
Muchos critican en la obra de Sabines la falta de rigor en la forma, pero la fuerza de sus palabras opacan cualquier forma… no hay verso clásico que contenta la oleada de fuertes emociones que confronta el poeta. Su poema “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines” está considerado una de las tres más bellas elegías que se han escrito en lengua castellana, junto con la de Miguel Hernández y las coplas de Manrique.
Sabines estudió Filosofía y Letras. Aunque escribió sus primeros poemas antes de los dieciocho años, fue allí en la universidad donde publicó «Horal» a la edad de veintitrés años.
Un recuento de sus poemas fue publicado por la UNAM en 1962.
En 1965 tras su visita a Cuba para servir como jurado del Premio Casa de las Américas, sufrió un gran desencanto con las tendencias izquierdistas, sentimiento que dejó plasmado en su libro «Yuria» publicado en 1967.
Su obra tiene un marcado acento informal que lo convierte en un poeta de todos los tiempos. Su prosa es vehemente y su verso sentido y sensual.
En 1985, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 1986, con motivo de sus sesenta años, fue homenajeado por la UNAM y el INBA. Ese mismo año el Gobierno del Estado de Tabasco le entregó el Premio Juchimán de Plata. En 1991, el Consejo Consultivo le otorgó la Presea Ciudad de México y en 1994 el Senado de la República lo condecoró con la medalla Belisario Domínguez.
Por su libro «Pieces of Shadow» («Fragmentos de sombra»), antología de su poesía traducida al inglés y editada en edición bilingüe, obtuvo el Premio Mazatlán de Literatura 1996.
Atacado por el cáncer, tras un penoso viaje a través de inútiles hospitales, falleció en Ciudad de México en 1999.
Sabines logró lo que quizá, desde la Grecia Antigua no lograba un poeta: convocar multitudes a sus lecturas poéticas. Los auditorios se llenaban de gente de todas las clases sociales, que libro en mano, seguían al poeta en su lectura y era aclamado en grados que envidiaría una rock star. Al final, jovencitas con ramos de flores, conmovidas hasta el llanto, se acercaban al ya lacerado poeta con ramos de flores. Su último recital poético lo hizo amputado de una pierna, al borde del final… Este es Jaime Sabines, Jaime de Chiapas.
