La vasija.
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Hubo hace mucho tiempo un hombre que ganaba su sustento llevando agua desde un manantial cercano a todo aquel que pudiera necesitar y podÃa pagarlo. Dos vasijas eran las que contenÃan aquel bien tan preciado. Las dos cumplÃan su trabajo dÃa tras dÃa, mas una de ellas con el uso y el tiempo habÃa dibujado en si misma grietas que solo permitÃan que la mitad del contenido llegara a su destino. Por mucho tiempo la vasija callo hasta que por fin hablo a su dueño de esta manera:
- Siento no poder hacer bien mi trabajo al igual que lo hace mi compañera y que la mitad de mi contenido se pierda, y con ello pierdas parte de tu jornal.
El hombre callo durante unos instantes y después con voz calma y queda dijo:
- Cuando retornemos hoy de nuestro trabajo fÃjate en las orillas del camino y en lo que en ellas crecen.
La vasija asà lo hizo y mientras los pasos del aguador las guiaba se quedo maravillada de la cantidad de flores y de sus colores y de la belleza de las mismas que alegraban a quien pasaba y las miraba.
- Si te fijas con atención veras que solo las flores crecen tan solo a tu lado del camino, yo las plante, y el agua las ha hecho crecer. Gracias a tus cuidados has creado algo digno de ver y que alegra a todo aquel que pasa. Por lo tanto no te lamentes y alégrate ya que aquello que creÃas era una carencia es un milagro para aquellos que lo ven.
Todos tenemos defectos y grietas que odiamos y que tratamos de esconder, pero si los asumimos y tratamos de convertirlos en encantos sin duda nuestra vida cambiara notablemente.










