Hoy en LesLulu: Memorias de Antonia

Diario de una canci贸n.

Escrito el 2 Febrero, 2008

Esta ma帽ana arroj茅 el diario contra la pared. No estoy segura de por qu茅 lo hice. Antes pensaba que los peri贸dicos se centraban en las tragedias, pero ahora s茅 que lo 煤nico que les atrae es la violencia, que la muerte sin ella no interesa, por m谩s que sea colectiva y te deje sola, que es la tragedia m谩s grande que hay鈥. As铆 comenzaba el diario personal de Eriel, el que durante una d茅cada estuvo a la venta en una feria callejera de objetos usados, el que nadie compr贸 al ojear sus primeras p谩ginas y el que hace dos semanas fue adquirido por el Reina Sof铆a al conocer el contenido de todas las dem谩s.

Cabe puntualizar que las notas no eran registradas con fechas, pero dicho documento adquiere la categor铆a de diario, y no de libro de apuntes, porque Eriel, cada vez que escrib铆a, se帽alaba si era un lunes, jueves o s谩bado; envolviendo una historia lineal en una secuencia circular de d铆as de la semana. Sin embargo, por los datos registrados y las averiguaciones realizadas por la actual instituci贸n propietaria, se estima que las vivencias descritas transcurrieron entre 1974 y 1979.

 

Un viernes en el que Eriel cay贸 en una de sus recurrentes depresiones, fue socorrida por un d茅bil recuerdo extra铆do de su infancia, cuando sus padres le aplacaban sus ganas de ser mayor, cant谩ndole:

鈥淪i de verdad quieres crecer y no envejecer

nunca vayas deprisa ni聽tampoco lento

el secreto es ir a la inversa del tiempo

pero nunca deprisa ni tampoco lento

s贸lo hay que ir a la velocidad del tiempo

para as铆 comenzar a crecer y no envejecer


 

El que acelera el paso descubre la nostalgia

el que se queda en el momento se queda

mas el que decide crecer conservando al ni帽o

avanza hacia atr谩s recuperando su inicio

y los recuerdos que traspasan el ombligo (bis)鈥︹.

 

Cuando era ni帽a no le prestaba mucha atenci贸n a la letra, s贸lo se dejaba llevar por la melod铆a que la hac铆a sentir arropada por un hogar. Recordaba algo m谩s que la voz c谩lida de sus padres, recordaba cada uno de los instrumentos que armonizaban la letra; y, envuelta en esas sensaciones, comenz贸 a sentirse bien, verdaderamente bien. Era como si el recuerdo pasara a ser un presente que la introduc铆a en un espacio donde la tristeza y la rabia estaban prohibidas. No obstante, el hambre y luego el sue帽o la sacaron de su burbuja, pero la sonrisa se qued贸 en su rostro.

 

A la ma帽ana siguiente, Eriel se despert贸 con la firme idea de conseguir esa canci贸n 鈥揷ruzada que marc贸 el inter茅s del museo por el diario鈥. Recorri贸 todas las discogr谩ficas de su ciudad sin 茅xito, y tampoco lo tuvo al preguntarle a sus amigos y conocidos. A ra铆z de eso, dej贸 su trabajo, cogi贸 una mochila y recorri贸 todos los pa铆ses hispanohablantes durante unos cuatro a帽os.

 

Debido al desconocimiento de los entendidos, y no entendidos, decidi贸 preguntarle a cualquier desconocido si le sonaba esa canci贸n (Eriel estaba segura de que no era una canci贸n inventada por sus padres, porque recordaba con claridad la m煤sica, y ellos no sab铆an tocar ning煤n instrumento ni mucho menos componer). As铆 que Eriel ingeni贸 muchas formas para llegar a la gente y otras tantas para conseguir financiaci贸n, que fueron narradas hasta la pen煤ltima p谩gina del diario. Coordin贸 una serie de obras con el Teatro de los Andes para adentrarse en decenas de comunidades rec贸nditas, convenci贸 a Alberto Spinetta y a Mercedes Sosa para realizar actuaciones en varias ciudades y pueblos de Argentina鈥 y mont贸 un centenar de acciones con actores callejeros y m煤sicos de 18 pa铆ses. Pero ninguna persona le dio lo que buscaba.

 

Al terminar su diario, en el lunes final, Eriel escribi贸:

聽鈥淐onvencida de que yo era quien le hab铆a puesto instrumentos a esa canci贸n familiar, decid铆 irme a cualquier parte. Estir茅 la mano y un autob煤s amarillo se detuvo. Hab铆a un asiento vac铆o junto a la ventana, al lado de un ni帽o que llevaba un mandil con el nombre Gonzalo bordado en el pecho. El bus comenz贸 a moverse mientras yo no pod铆a retener las l谩grimas de impotencia, de fracaso. Trat茅 de animarme para no llamar la atenci贸n y por man铆a comenc茅 a tararear la melod铆a de mi canci贸n. Y ese ni帽o, Gonzalo, comenz贸 a cantar, y le sigui贸 un joven canoso, y despu茅s un hombre muy arrugado que estaba delante, y siguieron todos los dem谩s, hasta el chofer. Era hermoso escucharlos鈥

El que acelera el paso descubre la nostalgia

el que se queda en el momento se queda

mas el que decide crecer conservando al ni帽o

avanza hacia atr谩s recuperando su inicio

y los recuerdos que traspasan el ombligo

 

Si de verdad quieres crecer y no envejecer

recuerda que el juego es el principio de todo

y recuerda que ser parte es el 煤nico modo

pero es necesario que recuerdes ante todo

que sin arrugas nunca encontrar谩s el modo

de retomar las huellas para no envejecer鈥

Y mientras los escuchaba, me di cuenta de que el bus avanzaba marcha atr谩s鈥.

por Rafael R. Valc谩rcel

Fuente: no cuentos.com聽

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