Hoy en Japoneitor: Extraños inventos - Muñequeras USB para calentar tus manos

La maldición de Laurinaga.

Escrito el 17 Diciembre, 2007

Era Fuerteventura antaño  un vergel lleno de valles y caudalosos ríos, y frondosos bosques que daban lo necesario para que pudieran subsistir  las gentes que en el moraban. Los conquistadores españoles eran dueños y señores de dichas tierras, y en la Isla de Fuerteventura Don Pedro Fernández era también dueño y señor. Campaba a sus anchas haciendo el mal a su paso, saciando su sed de hembras con las mujeres de la isla, y dejando su semilla en muchas de ellas. Tenia mujer de noble cuna y 14 hijos con los que llenar sus días, mas parecía que no era suficiente. Que de vástagos lleno la Isla también. Cuentan que su primogénito siguió la estela de su padre, no dejando en paz a ninguna de las mujeres nativas. Primero lo intentaba con  cortesía, y cuando veía que no podía lograrlo, hacia lo que fuera por hacerlas suyas.

El muchacho  se llamaba Luis y cuentan que en cierta ocasión se encaprichó de una muchacha que se había convertido al cristianismo y había tomado el nombre de Fernanda. La joven  se negó a los ofrecimientos del muchacho, quien  al ver que con buenas palabras no conseguía lo que quería, lo intento por las malas. Cierto día que  Don Pedro salio a cazar con su hijo el muchacho atisbó a la niña, trabajando en el campo. Se dirigió hacia ella espoleando a su montura, ella corrió y corrió  mas no era rival para el veloz caballo y el jinete estaba a punto de alcanzarla cuando un muchacho se interpuso en  medio. Se abalanzo sobre el caballero y lo lanzo al suelo luchando con el, dispuesto a herirlo y no permitir que se acercara a la muchacha.

Don Pedro al ver a su hijo en peligro espoleó el caballo y se lanzo en ayuda del joven . Llegó cuando su retoño estaba apunto de escapar malherido. Entonces el padre lleno de ira y odio se abalanzó sobre el guanche y lo atravesó con su jabalina, dejándolo herido de muerte allí mismo.Se  disponía a marcharse cuando salió del bosque Laurinaga, mujer sabia a la cual en la isla se le tenia mucho respeto. Miro a Don Pedro y recordando tiempos de antaño  le habló.

- Te maldigo aquí y ahora, tú que has vertido tu propia sangre sobre estas inmaculadas tierras. Que lo que no sea para nosotros no sea para vosotros. Que los vientos sequen  y las  hagan áridas, que el fruto se marchite  y sea desierto…

Había matado a su propio hijo. La mujer tomo el cuerpo inerte, dejando al impotente Don Pedro sobre su caballo sin poder llenar el silencio.

La Maldición se cumplió, y los vientos calientes del desierto sahariano secaron  lo que encontraron  a su paso, y lo que fuera vergel, se torno  en yermo  desierto de piedras negras.

No hay usuarios Comentando En " La maldición de Laurinaga. "

Suscribirse a esta entrada Comment RSS o TrackBack URL

Escribe tu comentario a continuación

 Usuario

 Dirección Email

 Website

Consejo: Por favor, revisa tu comentario antes de enviarlo, si es ofensivo será borrado de inmediato.



Otros Blogs de Internetizame en los que puedes estar interesad@: