Leyenda: “El amante errante”.

Sábado, noviembre 24, 2007

Un muchacho de tez blanquecina y de largos cabellos de color carbón, vivía momentos de intenso dolor, pensaba que todo lo que había vivido no servía para nada y por eso se sentía vació y solo. Durante su corta vida demasiadas penas había ya soportado su corazón, y un corazón de 20 años debe de ser vigoroso y lleno de ilusiones. El corazón del muchacho era como el tronco quemado de un árbol, seco, frágil y devastado. El joven no sabia si vivir por vivir o morir, y se preguntaba mas de una vez ¿Que diferencia hay en vivir por vivir o estar muerto? ¿Acaso no es lo mismo? En muchas ocasiones pensó en acabar con todo ese sufrir, pero una fría noche de invierno su suerte iba a cambiar. En un lejano pueblo, por casualidad el chico vio a una bella dama y como si estuviera hechizado la invito ha bailar. La joven se negó pues ella no sabia bailar, pero el chico insistió y al final lo consiguió. Esa noche la pasaron juntos y entre risas y cantos un inocente beso apareció, y ese beso fue el comienzo de una bonita historia de amor. El tiempo raudo paso y los jóvenes las calles llenaban con su amor y toda su existencia era perfecta. Pero las tranquilas noches, en poco tiempo se pueden convertir en devoradoras tormentas, pues asi fue, ese eterno y verdadero amor un día se desintegró, cuando el joven conoció que su pura dama con otro hombre durante todo este tiempo le había engañado. Tras 3 días de llorar sin cesar, con su corazón en una mano y el la otra frió acero asta la casa de su antigua diosa se acerco, y en ella estaban los dos traidores de su amor. Con voz sepulcral y los ojos en blanco lanzo su corazón a los pies de la mujer, y le grito: -de tristeza morí, pero la Muerte no me dejo en sus tierras quedarme, dijo que volviera y acabara mi labor y en una mano mi corazón me dio y en la otra esta fría espada-. Termino de hablar y la espada levanto, los dos traidores sus rostros taparon con sus brazos. La espada corto el aire y en el trozo  del suelo donde estaba el corazón golpeo, partiéndolo en dos. La mujer y el hombre la escena aterrorizados contemplaron y después esto escucharon: -mitad para ti y mitad para mi, pues mi corazón por siempre te entregue pero ya no creo que entero te lo merezcas- y en las sombras el amante errante desapareció.

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