En diversas localidades alejadas unas de las otras, pero unidas por que en ellas se dio la reconquista y la lucha entre moros y cristianos. Se cuenta esta leyenda que ahora les paso a relatar.
Entre las luchas de moros y cristianos siempre se hacían prisioneros, tanto en uno como en otro bando. Ocurrió que en una de las batallas, fue hecho prisionero un joven soldado cristiano. Llevado a una de las ciudades cercanas, a uno de los alcázares, donde fue guardado por el alcaide de dicha cuidad.
Sucedió que tenia el alcaide, una bella y curiosa hija que no conocía mas allá de las murallas de la cuidad y las sombras de su casa, y siente la curiosidad de saber de aquel muchacho cristiano de quien tanto se hablaba.
Una de las noches, en las que la guardia era mas bien poca la muchacha bajo con una jarra de buen vino, que aunque su religión no lo permitía nadie rechazaba un presente así. Los guardias se entretuvieron durante un largo rato mientras la muchacha husmeo a sus anchas y observo de quien tanto había escuchado hablar.
El no supo de su presencia hasta que ella lo saludo, y el respondió al saludo, las palabras que el había aprendido le sirvieron para hacerse entender, y el tiempo les enseño a ambos.
Se convirtió en costumbre las visitas, mutuas y los primeros tímidos encuentros se convirtieron en una sólida amistad, y en cierto momento en un amor… mutuo. La soledad de ambos y las ansias de libertad de los dos, podían mas que aquellas paredes, de fría piedra.
Supo la joven, de el traslado del joven, a otro lugar lo que hizo que pensaran en una huida, ya no podían esperar mas. Ella conocía de la existencia de un pasadizo, que unía la cárcel con una cueva no demasiado lejana, que podría ser su pasaje para la libertad.
Todo preparado y esta vez una jarra de buen vino mezclada con un poco de algo que les hiciera dormir, fue suficiente para que ambos escaparan y pusiera a su cautiverio fin. Pero quiso la suerte no serles favorable y cuando estaban a escasos pasos de la salida de la cueva los alcanzaran, algunos soldados que fueron avisados por alguien que mal les quería. Lograron esconderse entre algunos arbustos, cercanos a las cueva, pero el estaba herido de muerte, una flecha lo había alcanzado en lugar vital, la vida se le iba y cayó a los pies de quien mas quería.
- Agua….
Pidieron sus labios, y ella salio con el yelmo que el tenia, a tomar algo de agua para aquel, que a susurros se lo pedía. Cuando volvió con el agua una última mirada de despedida, es lo que encontraron sus ojos. Otra flecha perdida, lanzada la alcanzaba, su cuerpo se entrelazo al de su amado, sonrió mientras también su vida se consumía, esta vida dejaban juntos rumbo a otra nueva.
Dicen que las noches, en las que la luna baña la entrada de la cueva, la mora sale en busca de agua para quien tanto ama.